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martes, 6 de octubre de 2015

LAS VIBRACIONES DE LA FECUNDACIÓN



La vida surgió en el fondo de los océanos en las fumarolas volcánicas sulfurosas que provocan corrientes y vibraciones que mueven los tubos de ensayo de la naturaleza para facilitar las reacciones que crean las moléculas.

Así nacieron progresivamente los aminoácidos,  proteínas, bases púricas y pirimidicas ARN, ADN, fosfolípidos, membranas y por fin la célula que es el pilar de la vida.
Organismos unicelulares y pluricelulares.

En el siglo XXI la ciencia ha imitado a la naturaleza de hace 1.000  millones de años y ha vuelto en ayuda de la fecundación creando las vibraciones necesarias, no a partir de fumarolas volcánicas; sino de las vibraciones de la música.

Sonaba Bohemian rhapsody en la voz de una mujer que quería quedarse embarazada por medio de la música. Un vientre. Un bebé. A nadie se le había pasado por la cabeza antes.

Le habían explicado que determinados tonos musicales, melodías y vibraciones facilitan la fecundación.

Sonaba la rapsodia de Mercury dentro del vientre de metal.
Jugaban a su favor los números. "Los óvulos que reciben música mejoran su tasa de éxito en la fecundación en torno al 5%", apunta la doctora Marisa López-Teijón tras un millar de ensayos realizados al frente del equipo de reproducción del Instituto Marqués

Las vibraciones musicales poco a poco fueron agitando la espesa sopa de nutrientes donde ambas semillas estaban sumergidas. Como pasa en una barriga. Y a los cuatro días, de una forma nueva, casi mágica, óvulo y espermatozoide se fueron acercando y terminaron fundidos en una sola existencia.

Todo ello provocado por un tampón con música para embarazar a mujeres con dificultades de fecundación. El primero en el mundo. En vez de sonar en una panza artificial (la incubadora), Queen, Mozart o Nirvana entrarán directamente en el útero de la propia madre. Música por la vagina.

Las vibraciones simulan los movimientos del útero y hacen acercarse al óvulo y al espermatozoide
Se pone como un támpax. Y ya hay candidatas

Partituras que recorren la vagina a 54 decibelios, el equivalente a una conversación en tono bajo. "Lo que hacen estas vibraciones es simular los movimientos del útero.

Estos sirven para llevar los óvulos desde las trompas de Falopio al encuentro de los espermatozoides. Pero hay mujeres que no tienen esa facilidad. Por eso utilizamos las ondas musicales a distintas frecuencias"

Fue en vacas catalanas, antes que en mujeres, donde germinó el tampón primitivo. Era un manojo de gasas y plástico unidos a un altavoz al que la música llegaba por un cable. Ginecólogos y veterinarios mano a mano.

Una veintena de reses a prueba. Cada ocho horas, 60 minutos de melodías a través del tampón.
Entre otras, piezas de Vivaldi.

Ahora los científicos quieren saber si las reses dan más leche y de mejor calidad.
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¿Cómo fue el salto de la vaca al hoy delicado tampón musical rosa? Pallarés modificó un vibrador femenino (de los que se usan como juguete sexual), le colocó un altavoz en la punta y lo conectó a un emisor de sonido. Era mucho más refinado que el artilugio casero con gasas que había servido para el ensayo en vacas.

Pero aún seguía siendo demasiado aparatoso.
Y tras varios esbozos en papel y ordenador, el ingeniero Pallarés dio con el modelo definitivo: un artilugio en forma de pera invertida, del tamaño de una nuez y sumamente fino al tacto, deslizante.

Y lo recubrió con materiales biocompatibles, de uso médico, cuyo valor es evitar el rechazo.

BabyPod, se llama, es un tampón con discoteca. Desde piezas de Mozart al Concierto de Aranjuez, grabadas 'por la americana Universal Music. Sus ingenieros de sonido se encargaron de empaquetar los fragmentos elegidos por los científicos y de dar a los temas la mayor calidad sonora.

Y por la música. "Sería la bomba", dice. Quiere atar cabos. Se pregunta por qué, cómo ocurre todo. "El primer lenguaje fue musical más que verbal, y lo sigue siendo", explica la doctora Marisa López-Teijón. "Y esas vibraciones están presentes en el origen de la vida y más allá.
Acompañan al feto en todo su desarrollo, incluso cuando ya no están en el vientre de la madre. Prueba de ello es que instintivamente seguimos hablándoles a los bebés con tono alto y melodía. Es como mejor nos entienden".


El tampón (en forma de pera) lleva incorporado un altavoz que va conectado a un reproductor de música, del cual salen dos cables con un par de auriculares.
De ese modo, la madre, a la vez que selecciona los temas que llegarán al feto directamente a través del tampón musical, puede escucharlos ella misma.

El sistema incorpora una rueda que regula el volumen del sonido que recibe el feto desde dentro de la vagina.
Lo aconsejable es que la exposición musical se limite a intervalos de 10 a 20 minutos, una o dos veces al día. Y con una intensidad media de sonido de 54 decibelios, el equivalente a una conversación en tono bajo o música ambiental.

PACO REGO
Extraido De

El Grand Prismatic Spring del Parque Nacional Yellowstone. Se supone que el ambiente de este lago con elevadas temperaturas y ambiente reductor (ausencia de oxígeno), sería similar al ambiente primigenio de los mares de la Tierra.

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