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martes, 15 de diciembre de 2015

LA IMPORTANCIA DE LA AMIGDALA CEREBRAL Y DE LA OXITOCINA





Imagen de : By Images are generated by Life Science Databases(LSDB). [CC BY-SA 2.1 jp  ( http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.1/jp/deed.en 
)], via Wikimedia Commons
En general, las emociones condicionan nuestro estado mental y corporal para ayudarnos a afrontar los desafíos detectados en nuestro entorno. Por esa razón, las sensaciones que emergen de ciertos cambios corporales son una característica importante de nuestras experiencias emocionales.

"Las emociones ajustan no sólo nuestra salud mental, sino también nuestros estados corporales. De esta manera, nos ayudan a prepararnos para que podamos reaccionar rápidamente ante los peligros, pero también para que aprovechemos las oportunidades que nos ofrece nuestro entorno, como cualquier interacción social placentera", explica Lauri Nummenmaa, uno de los autores del estudio, en un comunicado de dicha Universidad.
La conexión entre emociones y cuerpo hace posible, por ejemplo, que experimentemos la ansiedad como dolor en el pecho o que el enamoramiento desencadene cálidas sensaciones placenteras en todo nuestro organismo.
También constataron que los mapas o patrones corporales de la emoción son los mismos en diversas culturas de Europa Occidental y del este asiático, lo que sugiere que las emociones y los patrones de sensaciones corporales que les corresponden tienen una base biológica
Por otro lado, un segundo experimento demostró la importancia de la amígdala cerebral -que responde a estímulos sentidos por otras partes del organismo- en el procesamiento de información emocional procedente de otros individuos.

La amígdala cerebral, situada en las profundidades de los lóbulos temporales, ha estado siempre asociada a emociones básicas negativas, especialmente al miedo, pero también podría estar relacionada con comportamientos positivos como la bondad o la generosidad.

Esta es la principal conclusión de una investigación liderada por el profesor de neurociencia de la Universidad Pensilvania Michael Platt, junto a Steve Chang, de la Universidad de Yale, e investigadores de la Universidad de Duke, que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, PNAS.

Según este estudio, los núcleos neuronales que forman las amígdalas también pueden influir en sentimientos positivos como las donaciones o la generosidad, un hallazgo que podría "tener implicaciones para las personas con autismo, esquizofrenia o trastornos relacionados con la ansiedad", sostuvo Platt.

Para este estudio, Platt y su equipo analizaron el comportamiento social de un grupo de macacos Rhesus, una especie de primates que llevan estudiando 22 años en laboratorio y en libertad (en la isla de Cayo Santiago, Puerto Rico). Por sus comportamientos parecidos al de los humanos y porque viven en grandes grupos con vínculos sociales, estos macacos son un buen modelo para estudiar las habilidades sociales.

Los investigadores incorporaron a su trabajo una tarea y nueva manera de observar cómo estos animales tomaban decisiones beneficiosas, algo que Platt describe como 'recompensa-donación'. "Tenemos un mono actor y un mono receptor. El mono actor aprende que las formas de diferentes colores en la pantalla se asocian con una recompensa que puede ser para sí mismo, para el otro mono, para compartir entre ambos o para ninguno de los dos. Los monos entrenan esta situación un par de semanas".

Una vez que los macacos entendieron el juego, los investigadores presentaron al mono actor varias alternativas con sus correspondientes recompensas potenciales; los primates podían quedarse el premio (en este caso un vaso de zumo), compartirlo, regalarlo o desperdiciarlo. "Por lo general, nuestro mono actor prefiere premiar a otro mono antes que no dar uso a la recompensa"; además, la relación social entre ello también cuenta: "son más proclives a dar a sus conocidos y subordinados", apuntó Platt.

Al mismo tiempo que observaban el comportamiento de los macacos, Platt y sus colegas registraron la actividad neuronal de la amígdala de cada animal y vieron que el valor de la recompensa quedaba reflejada en esta región de la misma manera en el mono que premia y el premiado. En función de estas respuestas neuronales, los científicos fueron capaces de predecir cuándo los actores iban a dar recompensas a sus semejantes.

El siguiente paso de la investigación fue fijarse en cómo variaban estos comportamientos con la introducción de la hormona de la oxitocina, implicada en los lazos sociales entre individuos. En los animales se ha demostrado que crea fuertes lazos entre la madre y sus crías, mientras que entre los humanos el papel de esta hormona aún no está completamente definido, si bien se sabe que en algunos casos podría ayudar a personas con autismo a entender mejor los códigos sociales.

En el experimento vieron que los monos que tomaron oxitocina se volvieron más dispuestos a dar recompensas a los otros monos y a prestarles más atención.


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