QUE EL EJERCICIO FISICO TE ACOMPAÑE

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sábado, 12 de diciembre de 2015

EL VERTIGO PAROXISTICO BENIGNO SE PUEDE CONTROLAR FÁCILMENTE








Generalmente se piensa que el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se produce por pequeñas partículas que se encuentran ubicadas dentro de una parte del oído interno. Uno podría pensar que estas partículas (restos) son como "rocas o piedras en el oído" pero el nombre formal es "otoconia". Estas partículas (piedras) son pequeños cristales de carbonato de calcio derivadas de una estructura del oído interno llamado "utrículo". Si bien el sáculo también contiene otoconias, éstas no son capaces de migrar hacia el sistema de canales (conductos semicirculares). El utrículo puede ser dañado por traumatismos de cráneo, infecciones u otras afecciones del oído interno, o también puede sufrir degeneración asociada al paso de los años. Normalmente las otoconias parecen tener un lento recambio. Estas son posiblemente disueltas naturalmente, así como activamente reabsorbidas por las "células oscuras" del laberinto


El principal sospechoso de este vértigo es un oído interno superactivo. En principio todos tenemos unos sensores de movimiento en los tres canales semicirculares perpendiculares entre si. El movimiento de la endolinfa al mover la cabeza hace que los cilios en estos canales envíen las señales al cerebro. 

Cuando nos movemos envían señales al cerebro para que este ajuste los músculos de posición y los de los ojos y así mantenemos el equilibrio y la mirada automáticamente.



En el utrículo y sáculo existen unos cristales de calcio que por diferentes razones se pueden desplazar a los canales semicirculares y provocar movimientos de la endolinfa aunque no se esté moviendo la cabeza.
Esto crea el problema pues el cerebro recibe información de que nos estamos moviendo y esto no es así. El cerebro recibe información contradictoria y pierde el control del equilibrio y del movimiento ocular.

La buena noticia es que con ciertas manipulaciones e la cabeza el especialista puede desplazar estos cristales de calcio a puntos del oído interno donde no envíen señales ni produzcan vértigo.

Son sólo unos 30 segundos, pero 64 de cada 100.000 personas saben lo interminable que puede resultar ese corto espacio de tiempo por culpa de las molestias producidas por el vértigo posicional benigno, el más común. Sin embargo, los mareos y demás síntomas de este trastorno podrían desaparecer con sencillos movimientos, según destaca la nueva guía de la Academia Americana de Neurología.

El vértigo posicional paroxístico benigno, que las mujeres sufren dos veces más que los hombres (sobre todo a partir de los 50 años), es un problema del oído interno.

Generalmente solo hay un lado de la cabeza que provoca vertigo y se debe evitar echarse de ese lado.

Normalmente afecta al canal semicircular posterior y los expertos creen que su causa es la pérdida de cristales de carbonato de calcio, que con determinados movimientos de cabeza se desplazan por los canales del oído interno, originando las molestias típicas.

Tras revisar todos los estudios sobre el tema, los especialistas de la Academia de Neurología encargados de elaborar la nueva guía, publicada en 'Neurology', concluyen que "una serie de movimientos de cabeza y cuerpo, realizados con la ayuda de un especialista, es la solución más eficaz para este trastorno".

"Y la mejor noticia es que en lugar de recomendar a los afectados que esperen a que se vayan las molestias por sí solas o que tomen fármacos, tenemos un remedio que es más seguro, rápido y efectivo".

En concreto, entre los varios ejercicios que han probado los expertos, la maniobra de Epley (o procedimiento de reposición) es la más adecuada y eficaz para todas las edades. Tras ésta, también existen algunas evidencias de que la maniobra de Semont también da resultados.

No obstante, los autores indican que es conveniente que los individuos realicen los ejercicios con la ayuda de un especialista, ya que no se sabe a ciencia cierta si se obtiene el mismo resultado si los practican solos en sus casas.

El objetivo de los movimientos es recolocar los cristales de calcio en sus conductos adecuados, para que no sigan estorbando. Para lograrlo, los neurólogos aconsejan la maniobra de Epley (ver imagen), que consiste en sentar al paciente en una mesa o una cama con la cabeza girada unos 45º hacia el lado del oído en el que se dan las molestias.

A continuación, se coge la cabeza, el cuello y los hombros del paciente y se mueve en bloque para tumbarlo. Se puede colocar una almohada para que cuando se tumbe ésta quede a la altura de los hombros, no de la cabeza. Con el cuello extendido y la cabeza en la posición en la que estaba girada, de forma que el oído dañado quede debajo, debe permanecer unos 30 segundos.

Para llegar a la siguiente posición el individuo tiene que girar la cabeza, sin levantarla de la cama, unos 90º hacia el lado contrario y permanecer así el mismo tiempo que antes. Después volver a girar la cabeza, esta vez junto con el cuerpo, otros 90º y tras aguantar medio minuto el último movimiento consiste en incorporarse por el lado en el que se encuentre y quedarse sentado en la cama.

La otra maniobra que parece exitosa es la de Semont, que consta de tres pasos. El afectado comienza sentado con la cabeza girada 45º hacia el lado del oído malo. Después debe dejarse caer en la cama rápidamente hacia el lado contrario al que giró la cabeza y permanecer en esta postura 30 segundos. Es decir, si la cabeza está girada hacia la izquierda la persona debe dejarse caer hacia la derecha y viceversa. El siguiente paso es mover rápido la cabeza y el tronco hacia el otro lado, sin pararse en la posición erguida en la que empezó el ejercicio. Después de otros 30 segundos, hay que incorporarse.


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