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martes, 21 de enero de 2014

EL PODER DE LA MÚSICA



EL PODER SANADOR DE LA MÚSICA
No es nuevo que el ejercicio, junto con una alimentación adecuada, es uno de los pilares de una buena salud
La música es percibida por el cerebro como una recompensa y puede modificar la tasa cardiaca, la respiración y la temperatura corporal. Además provoca la liberación del neurotransmisor dopamina en cantidades que se relacionan con el grado de placer que experimentamos. Los estudios realizados en el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario La Paz (IdiPAZ) constatan que escuchar una melodía produce otros efectos fisiológicos destacables, como el aumento del nivel de resistencia al dolor, cambios en el tono muscular y la temperatura, el nivel de glucosa o la secreción hormonal, así como una reducción de la fatiga y el estrés. De ahí que la lista de patologías en las que tiene una utilidad probada sea cada vez más larga.
Da buenos resultados incluso antes de nacer, al conseguir que las futuras madres se tranquilicen y puedan expresar sus sentimientos respecto a las inquietudes del embarazo, algo que después repercute en el bienestar de sus bebés.

un estudio científico con el que comprobaron que «mejoraban de forma estadísticamente significativa todas las funciones vitales de los bebés, que en algunos casos estaban sometidos a ventilación mecánica: tasa cardiaca, tensión arterial, frecuencia respiratoria y también la puntuación del test «confort», validado internacionalmente». Obvia resaltar que, al ser tan chiquitines, se puede descartar que la mejoría se deba al efecto placebo. «También comprobamos que los prematuros ganan peso con mayor rapidez con ayuda de la música», apunta el doctor Ruza
a musicoterapia facilita a los niños con autismo la expresión de lo que no pueden decir con palabras, porque muchos no hablan. Al menos al principio. Y es que la música, además de repercutir en el desarrollo motor, social y emocional, sirve como facilitador de la expresión oral de los pequeños, que se vuelven más parlanchines, como bien han constatado los padres, explica la psicóloga Nuria Escudé, directora del Instituto Catalán de Musicoterapia y del máster en esta especialidad en la Universidad de Barcelona
Los niños con síndrome de Down mejoran su autoestima a través de la música. Les gusta tocar instrumentos musicales y algunos se animan incluso con el piano.
«Además de disminuir la frecuencia cardiaca de los pequeños, aumenta la saturación de oxígeno, porque se relajan. En ocasiones requieren también menos calmantes».

Las intervenciones basadas en la música pueden tener un impacto positivo sobre el dolor, la ansiedad, trastornos del estado de ánimo y calidad de vida en pacientes con cáncer, según un estudio publicado en Support Care Cancer.
Los estudios de neuroimagen muestran que el ritmo activa estructuras motoras corticales, los ganglios basales y el cerebelo, afectados en el párkinson.
Gracias a la música «personas que no recuerda su nombre pueden cantar una canción de su juventud y a veces se ponen a llorar de la emoción. Las primeras canciones que oímos son las últimas que olvidamos. Por eso en alzhéimer utilizamos las canciones de la infancia. La música va directa a nuestras emociones», añade Nuria Escudé.

ADEMAS:
Es fantástico que la ciencia empiece a estudiar la raigambre social de la música.. Parisienses MADRILEÑOS y cameruneses, mayores de edad y niños, todos parecen emocionarse con tonos y tiempos parecidos. Hasta los animales les gusta la música. Resulta increíble que unos y otros coincidan en hurgar en cierta armonía, en un acorde, fruto de darle a una octava, mientras interpretan como discordia, o en todo caso como una señal de tristeza otra melodía demasiado.
Lo único que conocemos de la música es su universalidad… y que se trata de un evento social. Yo no conozco nada que pueda mantener unido a un colectivo durante tanto tiempo; tal vez la religión o el credo político. La religión y la política saben lo importante que es la música para el ciudadano.
Justamente, quizá sea esta falta de utilidad concreta de la música lo que la hace tan querida por todo el mundo.
¿Y si resultara que la música hubiera precedido al lenguaje, pero que este último hubiera conservado la herencia genética de la primera? Y que ni una ni otro sirven para gran cosa. Desde luego, cada vez está más claro que más y más gente se arrima a la música, mientras que aumenta continuamente el número de los que desconfían del lenguaje. Yo siempre digo que un idioma no sirve para entenderse –eso hay que dejárselo al cuerpo y al movimiento–, sino para engañarnos unos a otros; para hacer creer a los demás lo que queremos que crean.
Ya no digamos lo que hacen algunos músicos con el juego mágico de sus dedos interpretando al piano una de las piezas de Mozart. ¿Se han fijado en cómo mueven de memoria sus dedos sin que les tiemble el pulso y respetando siempre la melodía que nos embelesa? A lo mejor lo único que importa es, justamente, lo que nos embelesa: sentir que formamos parte de la manada, empatizar con los demás. A lo mejor la música sirve para algo y el resto, para casi nada.
La música sirve para algo. E PUNSET
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